KOJ asume la dirección de la función de IA de su empresa por un período definido. Levantamos los procesos que hoy están dispersos, los instalamos en un sistema y los dejamos corriendo — hasta que su equipo los sostiene sin nosotros. Diagnóstico, plan e implementación se contratan por separado.
Acotado y pagado. Al terminarlo sabe qué procesos tiene y cuáles pueden correr solos. Si para ahí, le sirve igual.
Nosotros construimos y nosotros respondemos si algo no corrió. Cada mes, un reporte contra la línea base.
La transferencia ocurre durante la implementación, no en una reunión final. El contrato cierra cuando su equipo sostiene.
Un proceso que corre solo necesita cuatro cosas. El piloto no tenía ninguna.
Cada fase se contrata por separado y produce un entregable que sirve solo. Se puede iniciar con el diagnóstico, avanzar al plan cuando los hallazgos lo justifiquen, e implementar después. No hay compromiso de ir a las tres desde el inicio.
Levantamos los SOPs actuales, mapeamos los procesos clave, identificamos dónde hay oportunidad real de IA (y dónde no), y auditamos la data disponible. No es una consulta genérica: es su operación bajo el microscopio.
Convertimos el diagnóstico en un roadmap ejecutable: qué se construye primero, qué después, con qué stack, presupuesto por hito, recursos internos requeridos y métricas de éxito. Un plan defendible ante Junta o comité ejecutivo.
Nosotros construimos. Agentes conversacionales, workflows automatizados, apps con IA integrada, análisis de data con LLMs, dashboards ejecutivos. Cada mes lo medimos contra la línea base que firmamos en el diagnóstico, no contra una impresión.
En el diagnóstico acordamos por escrito cuánto cuesta hoy el proceso que vamos a intervenir. Todo lo que sigue se compara contra ese número.
Una hora liberada no es ahorro hasta que se vea por dónde entra el dinero. Hay tres formas:
El reporte mensual dice cuál de las tres aplica. O dice que todavía ninguna.
Cada fase se cotiza y se contrata por separado. Puede quedarse solo con el diagnóstico y llevarlo a otra firma. Puede tomar diagnóstico y plan, y ejecutar con su propio equipo.
Así la decisión se toma con evidencia, no comprometida por anticipado.
AIM se apoya en EOS, nuestro sistema operativo propietario. No es una plataforma genérica: es una ecuación concreta, y así se ve.
Un SOP es el procedimiento estándar de cómo se hace algo en su empresa: facturar, cobrar, cerrar el mes. El calendario decide cuándo toca; los tres carriles deciden quién lo ejecuta.
El contexto de arriba es lo que hace que el sistema entienda a su empresa y no al promedio. Sin el diccionario de la casa, un modelo servicial cambia «partida» por «asiento contable» porque le parece más correcto, y devuelve un procedimiento que su contador no reconoce.
Un paso declara qué lee, no cómo llegó. Por eso un SOP que vigila precios de competencia declara ese archivo como fuente, igual que declara el estado de cuenta del banco: a EOS le da lo mismo si lo llenó un agente o una persona. Es la misma razón por la que no hay un conector de SAP — lo específico de cada sistema vive afuera, en una pieza reemplazable.
Un mismo proceso mezcla tres carriles: el sistema hace lo repetitivo, la IA prepara borradores, y el equipo decide lo que requiere criterio. Ningún proceso nace en el carril automático. Llega ahí cuando la regla es estable.
Checklist guiado con evidencia y aprobaciones. Medible y auditable, aunque la ejecución siga siendo humana.
La IA prepara el borrador; el equipo aprueba, corrige o descarta. Nada avanza sin validación humana.
Ejecución por código. Igual todos los días, sin variación. El humano pasa a supervisar resultado.
Extraemos el proceso de donde vive hoy: documentos, hojas, la cabeza de quien lo hace. Se estructura en cinco campos: quién, qué entra, qué hace, qué sale, cómo se valida.
Entra como contrato ejecutable: responsable, respaldo, evidencia esperada y validación. Auditable desde el primer día.
EOS lo agenda según su regla: fecha fija, evento gatillo, condición cumplida. El calendario deja de depender de que alguien se acuerde.
La IA propone borradores, extracciones y clasificaciones. La persona decide: aprueba, corrige o descarta. Cada interacción queda registrada.
Cada corrección humana se convierte en regla revisable. El mes uno se corrigen veinte detalles; el mes seis, dos o tres. Mejora sin reprogramar.
Con la regla estable, el proceso pasa al carril automático. La persona deja de operar y pasa a supervisar: revisa resultado, aprueba excepciones, valida cambios.
Tres pantallas del EOS funcionando, capturadas del producto. La empresa que se ve —Del Valle, una distribuidora mayorista— es ficticia; el producto no. Cambie entre pestañas, o abra la demo completa de quince pantallas más abajo.
Quince pantallas del EOS, con el recorrido completo: cómo entra un procedimiento, cómo se ejecuta, de quién es cada cosa y con qué se hace el trabajo. Los botones no responden — es una copia estática del producto.
Ver la demo completa →Un proceso puede correr de tres maneras, y las tres son resultados válidos. Corrimos EOS contra un catálogo de 114 procesos reales — finanzas, impuestos, laboral, inventario, bodega, cobranza, comercial — y así se repartieron. Es estimación de partida, no compromiso.
Procesos que hoy consumen horas de gente cara y pueden correr solos con evidencia. Ninguno necesita IA — necesitan que el ERP se pueda leer.
Conciliaciones con clasificación de diferencias, reportes con banda de alerta. Ninguno pasa al carril automático de golpe; todos mejoran mes a mes con historia.
Reuniones, calibraciones, crédito, negociación, recepción física. Un tercio se queda humano, y debe quedarse. AIM los ordena; no los reemplaza.
Un producto que solo sirve para el carril automático sirve para uno de cada seis procesos. Los otros cinco no desaparecen: siguen ahí, y alguien tiene que gobernarlos. AIM gobierna los tres carriles.
AIM no aplica a toda empresa. Es preferible declarar el perfil antes de la conversación comercial. La columna izquierda describe cuándo la implementación tiene alta probabilidad de éxito. La derecha, cuándo otras alternativas son más adecuadas.
Las herramientas que prometen todo suelen entregar el tercio fácil. AIM hace una cosa: que su operación corra. Estos son los cinco límites que respetamos, y que otras firmas prefieren no declarar.
Aquí no se inventan tareas: todo nace de un proceso suyo, con dueño y evidencia. Lo ad-hoc sigue en su chat.
SAP, Odoo o el sistema que usen siguen siendo el registro. EOS ordena la operación humana alrededor. Lee el ERP con réplica local — nunca lo toca.
No automatiza pantallas ajenas. Asiste a su gente con los datos listos: menos quebradizo y auditable.
La IA nunca decide sola: propone, su gente valida. Lo que debe salir igual siempre, lo hace código, no IA.
El modelo estándar de este mercado es una cuota mensual que no termina. AIM tiene fecha de salida en el diseño: durante la implementación el equipo interno toma el control de forma progresiva, y el contrato se cierra cuando puede sostenerlo. Si después hace falta, se vuelve por bloques puntuales — no por dependencia.
AIM tiene un alcance definido y acotado: que la operación corra con evidencia, con dueño y con calendario. No abarca lo que está fuera de ese perímetro.
Seis preguntas breves para evaluar si AIM aplica al caso. Si aplica, enviamos scoping y cotización del diagnóstico en 5 días hábiles.
Ya recibimos su información. Le respondemos por email en menos de 24 horas hábiles con los próximos pasos. El diagnóstico no compromete a contratar plan ni implementación.
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